Edgar Alejandro: “En cuanto saco una canción, ya no solo es mía: es de quien la escuche”
Entrevista con Edgar Alejandro, Músico
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Edgar Alejandro escribió su primera canción a los 13 años, encerrado en el baño del departamento chiquito del Este de Los Ángeles donde vivía con su familia, seis personas en total. Apagaba la luz y se quedaba ahí una o dos horas, el tiempo que le llevara terminarla; el eco del baño le hacía de reverb. Doce años después, ese cantautor de ahora 25 años está de gira por Estados Unidos con Todo lo bueno toma tiempo, y esta noche llega a Nueva York, al Gramercy Theatre.
Nació en Guadalajara, Jalisco, y se crió en el Este de Los Ángeles, en una casa donde siempre había alguien tocando. Se formó en los mariachis de sus padres —el Mariachi Alma Mexicana de Lupita Alfaro y el Mariachi Bicentenario— y pasó por el violín y la trompeta antes de llegar a la guitarra. José José y Juan Gabriel le marcaron el tono romántico y nostálgico con el que canta. Hoy su música parte del regional mexicano y el mariachi, y suma bolero, jazz, sierreño, bossa nova, salsa, indie latino y el chicano soul que escuchaba en las calles de su barrio. “Para mí, el mariachi no es algo que tenga que quedarse en el pasado. Es una música que puede seguir evolucionando, siempre que respetemos de dónde viene”, dice.
Toda su carrera la armó como artista independiente. Agotó su primera gira en 2024, tocó en festivales como SXSW, La Onda Fest y Bésame Mucho Festival, y en mayo de este año agotó el Peppermint Club de West Hollywood a un día de que salieran las entradas a la venta. La gira actual arrancó el 1 de octubre con entradas agotadas en el Crescent Ballroom de Phoenix, ante 500 personas, y siguió por San Francisco, San Diego, Houston y Dallas. Después de Nueva York vienen dos noches en el Pacific Electric de Los Ángeles, el 11 y el 12 de noviembre —donde será el primer artista de mariachi en presentarse; la segunda fecha se sumó después de que se agotara la primera—, y el cierre en el Thalia Hall de Chicago, el 19 de noviembre. Para el escenario, los diseñadores mexicanos Uziel Sakuragi y Roberto López Ceballos le hicieron un traje exclusivo para la gira, pensado desde la artesanía mexicana.
La gira llega con música nueva: ‘Cansado de Querer’, una canción sobre las parejas que siguen juntas por costumbre aunque ya no estén bien. Y su nombre sale de un año que, según él mismo cuenta, empezó con pérdidas familiares y con la duda de si lo que había logrado hasta acá había sido suerte.
En una entrevista exclusiva en plena gira, hablamos con Edgar Alejandro sobre crecer rodeado de mariachi, lo que el Este de Los Ángeles le aportó a su sonido y el disco de desamor que prepara para 2027.

Para quien no te conoce, ¿cómo te presentas?
Me presento como Edgar Alejandro. Soy de Guadalajara, Jalisco, y pues andamos echándole ganas.
¿A qué le echas ganas?
A la música. Ahorita andamos escribiendo, en seguir llevando esa cultura mexicana hacia adelante, hacia nuevos horizontes, hacia nueva audiencia: vieja y nueva escuela. Entonces a eso le echamos ganas.
Vienes de una familia de músicos. ¿Cómo fue crecer en una casa así?
Siempre mucho ruido, eso sí. Prácticamente todos los días, o en cualquier momento, siempre hay alguien tocando un instrumento o algo. Música de mariachi siempre, por todos lados, y es algo muy bonito. Mi familia siempre fue también de poner mucha música de todo tipo, no solo de mariachi, y ahí es donde me abrí a conocer a Los Ángeles Negros, a Los Ángeles Azules, un montón de diferentes géneros. Creo que es lo chido de vivir con una familia que es inclinada a la música.
¿Había otra opción profesional que la de ser músico, o nunca se te cruzó ser otra cosa?
Pues inicialmente mi sueño fue ser futbolista, y sí estábamos en ese rango. Pero cosas, azares del destino: lesiones físicas que ya no te permiten seguir. La clásica del tío que va a decir que no pudo llegar porque se fregó las rodillas, como muchos dicen. Ya después, en la escuela, siempre me ha interesado la Historia, y entonces yo quería ser maestro de Historia. Pero por muchas cosas se me cruzaba la música, y como que la música siempre decía: “No, es pa’ acá, es pa’ acá”. Y pues ya terminé en la música.

Arrancaste la gira en Estados Unidos con una pareja comprometiéndose mientras cantabas ‘Hasta que te conocí’. ¿Qué se siente desde el escenario cuando una canción tuya, o una que estás interpretando, se vuelve parte de la vida de alguien?
Fíjate que de hecho es algo que estaba platicando hace poquito. Yo creo que al principio no sabía cómo sentirme, como ese síndrome de impostor: “Ay, no sé si está tan chida esta rola como para que la usen”, o algo así. Pero ya después digo: “No, la neta, qué bonito que la gente se pueda identificar”. Al final del cuento, eso siempre fue mi meta: que la gente sintiera y pudiera cantar mis canciones. Y más que nada, que ahora la gente se esté comprometiendo, pues es un gran paso en la vida de ellos. Pedirle matrimonio a alguien es un gran paso, y entonces qué honor que ahora la gente pueda usar mis canciones para tener ese momento especial. Al final de cuentas, como yo lo digo, en cuanto yo saco una canción, esa canción ya no solo es mía: ya es de quien la escuche. Entonces, algo muy bonito.
“En cuanto yo saco una canción, esa canción ya no solo es mía: ya es de quien la escuche”.
¿Es distinto para ti interpretar canciones que compusiste tú y canciones que compusieron otros?
Pues no, yo creo que es igual, el mismo tema que mencionaba ahorita: tal vez para otra gente mis canciones se vuelven su propia cosa —no sé cómo explicarlo—, ellos les dan un significado. Entonces yo siento que, con las canciones de otros artistas, de otros compositores, yo ya les doy ese toque, esa experiencia, ese punto de vista mío.
Te criaste entre Guadalajara y el Este de Los Ángeles. ¿Qué tiene tu música de cada lugar?
Al principio yo creo que no se alcanzaba a escuchar; más bien se sentía como México. Pero ahora yo creo que mi música ya es un poquito de todo. En el Este de Los Ángeles es muy típico ver los lowriders, esos carros que hacen cruising, y mucha música chicana, como el chicano soul. Entonces ya empiezas a escuchar fragmentos e inspiraciones de eso en mi música, obviamente sin dejar el mariachi, sin dejar los boleros, que sabemos que tienen una gran representación allá en México. Ya empiezas a escuchar esas mezclas de géneros musicales en mis canciones, más notables ahora en comparación con cuando apenas empezaba.

¿Siempre supiste que te ibas a inclinar hacia la canción romántica? ¿Cómo se dio ese proceso?
Pues prácticamente siempre he sido muy de tratar de ver el lado bueno de las cosas, y por eso yo creo que me incliné un poquito al romanticismo. Pero la vida te va dando experiencias de amores, y de vez en cuando ya sale una de desamor, o una no tan romántica en comparación con otras. Yo creo que eso es lo chido de esta siguiente etapa, de un disco que voy a sacar en 2027: va a ser ese cambio. La gente va a conocer al Edgar Alejandro al que también le tocaron las experiencias malas en el amor. Es un disco específicamente para eso.
¿Qué es el mariachi para ti?
El mariachi es algo versátil, algo que no tiene reglas. Es un género que históricamente se formó de diferentes culturas, de diferentes cosas. Entonces, a la hora de hacer mariachi, trato de honrar la parte histórica de ese género. Y musicalmente es algo muy versátil: los violines, las trompetas, las armonías. Es algo muy lindo para mí.
“El mariachi es algo versátil, algo que no tiene reglas. Es un género que históricamente se formó de diferentes culturas, y a la hora de hacer mariachi trato de honrar esa parte histórica”.
El mariachi es una música en conjunto, con mucha gente involucrada. ¿Qué te ha enseñado eso en la vida?
Pues que, al final de cuentas, nada se puede hacer 100% solo. Entonces es aceptar y escuchar, y tratar de tomar siempre de la mejor manera cualquier consejo que alguien me haya dado en mi carrera o en esa parte musical. Creo que hasta la fecha se ha hecho un buen trabajo en balancear los consejos con la visión personal que tengo en este camino musical.
Hablando de consejos, ¿hay alguno que te hayan dado tu papá o tu mamá antes de que arrancaras tu carrera, o cuando la arrancaste?
Yo creo que fue más del lado de que, si voy a hacer algo, que lo haga bien, que no deje las cosas a medias. Que si le vas a dar, trates de darle lo más que puedas. Y al final de cuentas, si uno llega a pegar o no llega a pegar, o llega a pegar más, o lo que sea, pues ya no queda en mí: yo le di todo lo que pude. Yo creo que es uno de los consejos principales.

Escribiste tu primera canción a los 13 años. ¿Qué recuerdas de ese momento?
Es que yo tengo un tío, tengo otros familiares que también escriben canciones, y hubo un tiempo en que yo sentía que no quería verme como que los copiaba, o como diciendo “yo también”. Sí me volví un poquito tímido en ese momento. Entonces recuerdo que, cuando escribía mis canciones —como éramos seis en un apartamentito chiquito en el Este de Los Ángeles—, siempre me metía al baño, siempre con las luces apagadas. Ya tocaban y era: “Edgar está en el baño”. Pero siempre era que yo estaba ahí con las luces apagadas. Duraba ahí una hora, dos horas, lo que me tomara escribir esa canción, y me quedaba en el baño. Es el recuerdo que me llegó ahorita, dije: “Ah, sí, me la pasaba muy seguido ahí”. Era como mi safe space para escribir: meterme al baño y quedarme ahí un buen rato con las luces apagadas. Y como había mucho reverb en el baño, para mí era que, si sonaba chido, pues de ahí le agregaba el efecto. Son de mis primeros recuerdos a la hora de escribir.
Ya que hablas de escribir, ¿desde dónde nace una canción para ti?
Yo creo que nace de ser empático, de poderte poner en los zapatos de las otras personas, de tener esa simpatía de sentir. Yo siento que hay que tener un poquito —no un poquito, mucho— de empatía, más que nada. Y de ahí nacen las canciones: del dejarte sentir, de dejarte saber que está bien llorar, que todos los sentimientos son válidos. Cualquier sentimiento, de hecho, es válido. Yo creo que de ahí es donde nacen muchas canciones, si no todas, prácticamente.
¿Y cómo surge ‘Cansado de Querer’, en específico?
De hecho, de esa misma parte. Yo creo que, ya creciendo, uno va viendo un poquito más —bueno, yo hablo de mis experiencias, y creo que pasa con muchos latinos—. A veces uno ya de grande va viendo que hay ciertas parejas que se quedan en un lugar donde no, ya sea por costumbre, ya sea porque tal vez se ve mal si se divorcian, o cositas así. Es algo un poquito profundo, pero te quedas como: “No están felices, ya llevan un rato y así se la llevan hasta de grandes”. Y yo me traté de poner en esos zapatos. Especialmente hay una línea ahí que dice “mil veces me he dañado por regresar a ti”, y así yo creo que le pasa a mucha gente: se quedan donde no, y se siguen dañando a ellos mismos. Entonces en los conciertos he dejado saber que también está bien soltar, que no está mal. Obviamente no estoy patrocinando divorcios, pero sí digo que también está bien soltarse y pensar en sí mismo. Llegar a un punto. Y de eso es donde nace esa canción.
“Hay parejas que se quedan en un lugar donde no, ya sea por costumbre o porque tal vez se ve mal si se divorcian. No estoy patrocinando divorcios, pero en los conciertos he dejado saber que también está bien soltar”.
Hablando de pensar en uno mismo: en alguna oportunidad mencionaste que este fue un año de altas y bajas. ¿En qué momento sientes que estás hoy? ¿Cómo sería una fotografía actual tuya?
Yo creo que ahorita estoy en el momento donde… Bueno, a principio del año tuve unos bajones; me sentía un poquito estancado, más bien. Me pasa mucho el tema del síndrome de impostor: no sé si tal vez fue suerte que vendí mi primera gira hace dos años, no sé si me vuelve a pasar, no sé si cuando saque esta canción la gente otra vez… Entonces me pasaba mucho eso, y aparte estaba pasando por otros temas personales en la vida, pérdidas de personas, de familiares, y todo me cayó de un solo golpe. Y ahorita, en la fotografía que yo pudiera describir de este día, estoy en esa parte de que todo lo bueno toma tiempo. De hecho, por eso le puse ese título [a la gira]. En realidad, todo lo bueno toma tiempo, y ese ha sido mi refrán todo este año. Puedo decir que ese es el highlight y la frase de este año para mí.
“A principio del año me sentía un poquito estancado. Ahorita estoy en esa parte de que todo lo bueno toma tiempo, y ese ha sido mi refrán todo este año”.
Justamente, Todo lo bueno toma tiempo es el nombre de la gira. ¿Qué puede esperar alguien que va a uno de tus shows?
Que puede ser algo un poquito sentimental, algo que se sienta como estar en casa, que se sienta familiar, y obviamente romántico a la vez. Si van con su pareja, no dudo que salgan aún más enamorados. Trato de mandar mucho ese mensaje: si vienen con un amigo, una amiga, esposa, amante, lo que sea, abrácenlos un poquito más, porque hoy estamos y mañana quién sabe. Yo creo que es algo en lo que la gente se vuelve un poquito más cercana, y siempre trato de mantener una conexión humana con toda mi audiencia.
“Si vienen con un amigo, una amiga, esposa, amante, lo que sea, abrácenlos un poquito más, porque hoy estamos y mañana quién sabe”.