Música

Francisca Valenzuela abre el diario íntimo del posparto en su nuevo álbum ‘MALDITA’

Entrevista con Francisca Valenzuela, Música

Video 12 min de lectura August 1, 2026

Francisca Valenzuela - Crédito: Francisco Finat.

Hay artistas que cantan y artistas que confiesan. Francisca Valenzuela lo demostró hace apenas unos días, arriba de un escenario que no era el suyo: invitada al confesionario de Rosalía en el Movistar Arena de Santiago, le contó a miles de desconocidos una historia de amor que nunca había hecho pública. Es el mismo impulso que la trae hasta esta conversación con Modus Rec en Nueva York, durante la Latin Alternative Music Conference (LAMC): decir antes que cantar.

Esta semana lanzó MALDITA, el álbum que grabó en su estudio casero de Santiago durante el posparto, entre mamaderas, siestas y una urgencia que no le dejó tiempo de convertir nada en metáfora. Doce canciones sin ningún interés en la maternidad de postal: hablan del miedo, del duelo de quien fue antes de ser madre, de una furia que tardó en encontrar forma de canción. Llega, además, en el año en que Ruidosa —la plataforma feminista que fundó en 2016— cumple diez años y prepara un festival masivo en Santiago.

En esta conversación en profundidad, Francisca habla del grito que se convierte en canción, del costado no romántico de la maternidad, de a quién le habla MALDITA y de lo que aprendió observando a otras mujeres —y a otros hombres— sostener una carrera sin perder su humanidad.

Francisca Valenzuela. LAMC 2026. Por: Julia Tortoriello. Voz y edición: Stivaliz Ugueto.

MALDITA, en mayúsculas, aparece como un grito. ¿Qué es lo que hace que un grito se convierta en canción?

Ay, qué linda pregunta. Creo que en mi mente las canciones son gritos en general. Son gritos de diferentes tipos, pero son gritos: es una expresión visceral de una vivencia que necesito atravesar para entenderla, o para conectar con el otro lado de esa vivencia. En el caso de MALDITA, en mayúsculas, en particular, es un grito de suma urgencia, porque tiene que ver con un posparto, con la mujer detrás de la maternidad y con la superación de las mujeres en general, yo diría. Para mí es una necesidad intrínseca crear, para poder atravesar esos gritos y darles forma, y así no vivir gritando.

“MALDITA es un grito de suma urgencia, porque tiene que ver con un posparto, con la mujer detrás de la maternidad y con la superación de las mujeres en generaL”.

Francisca Valenzuela. Crédito: Francisco Finat.

Hay mucha palabra en el disco. ¿Se trataba para vos más de un decir que de cantar?

Me encanta… Este disco se trata más de decir que de cantar. ¿Y sabés qué? Ahora que me dices eso, quizás yo como artista soy más de decir que de cantar. Y de pronto creo que esa aceptación es también una liberación, porque siempre he sentido que no soy suficientemente cantante, ¿cachai? Soy más creadora, más escritora. Y este álbum en particular fue tanto así que dejé las canciones como habladas —¿me explico?— canciones habladas versus cantadas, versus intentar forzarlas en forma de canción. Porque no cabían en una canción tradicional muchos de los conceptos y las ideas, y me parecía injusto tener que amputar esas canciones para no darles el sentido y el final que correspondía.

¿Y sabes qué? Ahora que te cuento esto —que ni siquiera había hablado del disco, esta es mi primera entrevista en profundidad del álbum— pienso que incluso en el espacio físico y mental en el que estaba cuando grabé esas canciones, quizás ni siquiera tenía la capacidad de cantar. Era una capacidad de hablar nomás, ¿cachai? Ahí entre las mamaderas, los biberones, los pañales, la siesta, la urgencia. Entonces sí, es un disco más de decir, de plasmar, que de cantar y apelar a ese logro como cantante.

La maternidad, y en específico el costado no romántico de la maternidad, atraviesa el álbum. ¿De qué modo la maternidad te atravesó a vos a nivel personal?

Claro, MALDITA refleja esa parte no romántica y muy unidimensional que la sociedad nos muestra de la maternidad. Esa ternura, ese romance, ese enamoramiento sin duda están. Pero hay toda una parte frente a la que yo me sentí como: ‘¿Cómo no supe? ¿Cómo no sabía? ¿Cómo no lo veo representado?’. Esta tensión entre la felicidad, la emoción, la gratitud, y también el terror. El miedo, la incertidumbre, el duelo de quien una fue, el estar poseída por otro proceso, por otra persona. El querer dar lo mejor de sí y sentir que una falla todo el tiempo.

Yo creo que la maternidad, pensando en tu pregunta —hablando de lo que no hablé en el álbum, quizás— me entregó una fuerza que no sabía que tenía. ¿Me entendés? Creo que me entregó una resiliencia y una capacidad de superación que no pensé que tenía. No solamente por el posparto, sino también por la manera de mirar el mundo: fue un regalo también eso. Y también creo que un amor que no conocía. Yo soy alguien apasionada, enamoradiza, que ama a su gente —amo a mis amigos, a mi familia, a mi pareja—. Pero creo que esto me rompió de una manera que me permitió amar mucho más profundamente el mundo y a las personas, y conocer un amor que no conocía.

El otro día justo hablaba con una compañera música, que me preguntaba si iba a tener una hija —tenemos como la misma edad— y me decía: “¿Cómo fue?”. Y le dije: “Bueno, ha sido heavy, terrible”. Y me dijo: “¿Pero lo harías de nuevo?”. Y le dije que sí, que lo haría todo de nuevo. Y lo haría tal cual, en realidad. Bueno, haría cambios, porque ahora entiendo cómo sería ese momento de fragilidad posparto. Pero lo haría igual, porque no quiero pasar esta vida sin la aventura de la maternidad para mí. Y es porque encontré a la persona correcta, en el momento correcto. No estuvo siempre en mis planes ser mamá, ni mucho menos. Pero creo que eso es lo que me ha ofrecido la maternidad: una madurez obligada, por supuesto, que ha sido de alto impacto para toda la vida.

“La maternidad me rompió de una manera que me permitió amar mucho más profundamente el mundo y a las personas, y conocer un amor que no conocía”.

Y ese modo descarnado de hablar en el álbum, ¿a quién sentís que se dirige?

Yo creo que el modo descarnado del álbum se dirige, en algunas canciones, a la sociedad. Cuando digo “a la sociedad” me refiero a que no sabía cuánto había comprado yo la ilusión de muchas cosas, como mujer, como madre, como ciudadana del mundo. Entonces es un despotricar hacia un sistema —un sistema que tiene tantas falencias, como bien lo sabemos— pero en particular en función de esta representación unidimensional de la maternidad.

Y por otra parte, también hay canciones dirigidas hacia mí, y canciones dirigidas a mi hija. Nací necesitándote es una canción de amor para ella, que escribí literalmente en el piano, como una canción de cuna, con ella en brazos. Hay una canción dirigida a mi pareja, No te aburras de mí, que habla de que a él le toca siempre la peor versión de mí: “Ámame por favor igual”. Es un aprender a necesitar, a pedir ayuda. Y yo diría que Komorebi —ya que no me habían preguntado antes por las dedicatorias— también está dedicada a mí, pero desde un lugar de decir: está bien tener errores, está bien estar fallada, está bien estar rota. Estamos todos rotos, estamos todos quebrados, y hay tanta belleza igual en el mundo y en una.

Francisca Valenzuala. Crédito: Francisco Finat. Gentileza.

Algo que contaste en el panel de Wonder Woman en Latin Music, en el marco de las LAMC 2026, fue que, al querer ser cantante, hiciste lo que muchas veces se hace para otra carrera tradicional: ir y sentarte con alguien que la ejerce. ¿Cuál de esos consejos, o qué de lo que te dijo aquella cantante, aún resuena en vos?

Yo creo que ella enfatizó mucho —fue hace mucho tiempo, pero sí creo que en su minuto enfatizó mucho— el tema del equipo y el tema del goce, del amor por crear y el amor por ser artista. Pero más allá de lo que me acuerdo explícitamente o no de lo que me dijo, creo que Nicole —estamos hablando de Nicole, la cantante chilena— sí es un ejemplo, porque es una humana maravillosa que ha crecido con su arte y que además siempre tiene su humanidad muy presente. Y eso fue una gran enseñanza para mí: no hay que volverse una versión performática de uno mismo como artista, a todo instante. Uno puede ser una diosa, una bestia en el escenario, y uno puede ser una persona, una mamá, una amiga, una hija —la peor versión, en buzo, con tus seres queridos—. Existe esa posibilidad de transitar.

Y ahora que lo pienso, la cercanía que ella tuvo, la espontaneidad, la naturalidad, la generosidad, creo que fueron súper significativas para entender eso. Porque hasta ese momento, y también mucho tiempo después, toda la gente con la que yo me encontraba eran personas que tenían una postura y una impronta muy tajante como artista, que nunca se quitaban ese personaje —especialmente varones del rock—. Y eran comportamientos con los que yo no comulgaba, ni en cómo trataban a su equipo, ni en cómo trataban a su familia, ni en cómo vivían su vida. Y el tiempo me ha dado la razón, porque están todos ahora así, guatones y feos. Pero en el fondo lo que te quiero decir es que fue súper importante entender ese ejemplo y decir: ok, hay otras maneras de ser, y de ser exitosa, y de ser famosa, y de tener impacto con tu música, y de llegar más allá siendo una mujer y siendo una persona, no solamente una artista.

“No hay que volverse una versión performática de uno mismo como artista, a todo instante. Uno puede ser una diosa en el escenario, y una persona de buzo en su casa”.

Una de las últimas cosas que hiciste, apenas la semana pasada, fue subirte al escenario en el confesionario de Rosalía en Chile. ¿Cómo fue ese encuentro?

Fue increíble. Han sido semanas muy movidas: tuvimos Ruidosa en el Lincoln Center en Nueva York, el lanzamiento de MALDITA, el confesionario de Rosalía, pasamos por LAMC acá, el premio Wonder Woman, y en las semanas que vienen empieza la gira de Maldita.

Lo del confesionario fue increíble, porque me llegó la invitación como dos días antes. En Chile circulaba el rumor de que quizás me invitaban, pero yo, por supuesto, dije: increíble que sí, increíble que no, si no también… Rosalía sin duda es una artista que una admira en tantos sentidos, y el show fue así, épico, apoteósico, maravilloso, luminoso, y fue tan entretenido ir y tener un momento así, de chisme, más de un varón mal portado, y ella, maravillosa. Entonces fue muy entretenido y muy rico ser parte de lo que es el Lux Tour.

Francisca Valenzuela. Crédito: Francisco Finat.

Y por último, el festival Ruidosa cumplió 10 años, ¿qué te gustaría que pase con Ruidosa en los próximos 10 años?

Mira, hay una cosa medio filosófica, de dicotomía. Por una parte pienso: sería increíble que Ruidosa no tuviera que existir como iniciativa, porque en el fondo Ruidosa busca mayor participación y presencia de mujeres en la música, y ojalá no tuviéramos ese problema. Ruidosa viene a proponer una solución, a contribuir a una solución.

Dicho eso, yo esperaría, y sueño con que Ruidosa sea un espacio, un festival y una iniciativa no solamente internacional como es hoy, sino más grande internacionalmente, más global —es decir, no solamente con talento latinoamericano, sino quizás del mundo entero, priorizando las voces latinoamericanas—. Y también me encantaría ver cómo amplificar más esas historias, porque a veces nos quedamos solo con los shows, y no tanto con las historias de las mujeres creativas de nuestra región. Entonces me encantaría ver cómo darle más continuidad y visibilidad a eso: más festivales, otros formatos, otras colaboraciones.

Así que no sé, en realidad, ese es mi sueño. Creo que hace 10 años, cuando empecé Ruidosa, yo dije: un día vamos a tener un festival masivo, internacional. No pensé que iba a tomar 10 años —no les miento, una también es ansiosa y apurrete—, pero tomó 10 años en que el mercado entendiera la propuesta, los promotores entendieran la propuesta, y llegaran los socios correctos para desarrollarlo. Así que ojalá seguir creciendo, ojalá seguir dando espacio y escenario a más mujeres y diversidades, y que esto pudiera expandirse por toda la región.

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