Broke Carrey: “El folclore me movió fibras que ninguna otra música me había movido”
Entrevista con Broke Carrey, Músico
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Una mañana de fines de marzo, las stories de Instagram se sucedían unas detrás de otras hasta que algo empezó a llamar mi atención. Primero aparecieron videos de un lanzamiento de álbum en un descampado (más tarde sabría que era en La Paternal, un barrio mayoritariamente industrial y de depósitos en Buenos Aires). Después, un asado monumental armado en forma de U con proyecciones en los muros acompañando el devenir de las canciones. Todo tenía algo de celebración colectiva, de ritual, de fiesta entre amigos. El disco era Hijo del País, de Broke Carrey.
Broke Carrey —Carrito para los amigos— es Manuel Peña, un artista argentino que forma parte del universo de Bohemian Groove, el sello y colectivo fundado por Dillom y que está detrás de algunos de los nombres más interesantes de la nueva música argentina.
Fui a Spotify con la idea habitual de escuchar dos o tres canciones y volver más tarde. No pude.
Escuché el disco completo. Una vez. Después otra.
Había algo en esas canciones que me resultaba familiar y extraño al mismo tiempo. Folclore, sí, pero atravesado por otra cosa: electrónica, pop, rap, con una cuota de humor. Una música que parecía mirar hacia atrás sin quedarse ahí. Y, sobre todo, una manera de hablar de Argentina que no sonaba ni nostálgica ni solemne.
Por eso, cuando llegué a LAMC 2026, una de las conversaciones que más ganas tenía de tener era con Broke Carrey.
Hijo del País, su álbum más personal hasta el momento, nació de una pregunta aparentemente simple y bastante difícil de responder: qué significa ser argentino hoy. A lo largo de 13 canciones, Carrey se mete con chacareras, vidalas y tonadas y las cruza con pop, rap y producción electrónica.
El resultado es un disco atravesado por una idea de pertenencia que aparece incluso en su título. Hijo del País no habla solamente de volver a las raíces. Habla de descubrir que esas raíces también pueden ser propias, incluso cuando uno viene de otro lugar.
El próximo 12 de septiembre, Broke Carrey llevará Hijo del País al escenario de Niceto Club, en Buenos Aires, en la primera presentación en vivo del álbum.
En LAMC hablamos de cómo llegó al folklore, de esa Argentina que descubrió mientras buscaba sus propias raíces, de cómo creó el tema “MIGUELITO” y de la idea de pertenecer a un movimiento, más que un resultado individual.

En Hijo del País hay un vínculo muy fuerte con el folklore, pero vos no venís necesariamente de una raíz folklórica. ¿Cómo llegaste a esos sonidos y sentirte cómodo en el género?
Soy una persona que se hace muchas preguntas todo el tiempo, un poco neurótico en ese sentido: siempre me estoy preguntando quién soy, hacia dónde quiero ir, de dónde vengo. Y en esa pregunta de “¿De dónde vengo?”, “¿Qué significa ser argentino?”, me encontré con el folclore y con el mundo enorme que es. Cuando me encontré con el folclore, sentí que me movió fibras que ninguna otra música me había movido, y me sentí representado de una manera en la que nunca me había sentido. Al mismo tiempo, desde un lado más sonoro, eso me despertó un millón de ideas, una catarata que no podía detener y que estuvo presente durante años antes de empezar a trabajar el disco. Simplemente me fueron surgiendo esas ideas y cada vez más preguntas. Entonces empezamos en la búsqueda de interiorizarme, de estudiar: fueron años de conocer, hablar con gente, leer un montón, ver películas, escuchar un millón de discos y conectar con gente que sí lo haya vivido de chico, que tenía el folclore en la sangre desde que nació. Por eso, entre los productores del disco están Ulises Feraud, que graba los bombos legüeros y toca el bombo desde que nació —un chico de Santiago del Estero—, y Cocó, de Mendoza, un guitarrista enorme. Me fui rodeando de gente que me iba enriqueciendo a medida que avanzaba el proceso, y fue un proceso muy lindo, de mucho aprendizaje y descubrimiento.
¿Qué te pasó al ir desde Capital hacia el Norte de Argentina? ¿Qué descubriste cuando llegaste al origen de esos sonidos?
Hay mucho de esa imagen del porteño que le da la espalda al resto del país —y en parte es cierto, Buenos Aires se construyó un poco de espaldas al resto del país—, pero al mismo tiempo no dejamos de ser todos argentinos. Y el concepto de Hijo del País planteaba justamente eso: que todos somos hermanos, todos hijos de la misma madre patria, más allá de nuestras diferencias de clase, de política, de lo que sea.
Entonces me encontré con un lugar en el que yo también me sentía parte. Sentía: ‘esto también es lo argentino, esto me representa mucho, esto me hace sentir parte de algo mucho más grande, de una cultura realmente rica y realmente profunda’. En ese viaje a Salta que hago justo cuando sacaba mi disco anterior— tuve como la confirmación de todas esas intuiciones que tenía y de todos esos sonidos que tenía en la cabeza cada vez empezaron a tomar más forma. Fue como el primer empujoncito para decir: ‘sí, estoy en el buen camino, es por acá’. Y me queda un montón por conocer, por viajar —el Norte argentino, de hecho, lo conozco muy poco—. Pero quiero llevar mi música, conectar con gente de todo el país. Es una misión que recién está empezando para mí.
“El concepto de Hijo del País plantea que todos somos hermanos, todos hijos de la misma madre patria, más allá de nuestras diferencias de clase, de política, de lo que sea”.
¿Sentís que este disco se enclava en una tendencia de tu generación por reivindicar el folclore y la música popular argentina?
Seguro. Creo que es hacia donde va el inconsciente colectivo, al menos una parte de mi generación. Siento que en los últimos años se globalizó tanto el arte, la industria musical, la cultura en sí, que se estandarizó todo. Y eso, al mismo tiempo, generó mucho rechazo en la gente, muchas ganas de decir “pará, yo tengo cosas para decir desde mi lugar, desde donde vengo”. Siento que mucha gente empezó a despertarse con esas curiosidades, y cuando yo tuve esta idea no pensé “soy un revolucionario, voy a cambiar la música”. No: dije, si yo tengo esta idea, mucha gente va a tener esta idea también. Mi búsqueda no es ser pionero de nada, sino ser parte de un movimiento. Creo que este disco es parte de algo más grande, y elegí laburar con estos colaboradores porque siento que son parte de ese mismo movimiento: está Trouve Feraud, un dúo de Santiago del Estero; está Cocó; está Polo Martínez, un chico de Necochea que va a sacar un disco espectacular. Siento que todos estamos en una misma visión y, desde lugares distintos, con historias distintas, tuvimos la misma idea. Realmente creo que es un momento muy lindo para la música argentina, y que está pasando en todo el mundo también. Así que yo banco.

En el tema “Miguelito” te metiste con la payada, algo que no le había escuchado hacer a otro artista joven y moderno. ¿Cómo surgió ese tema?
Ese tema surge en un asado. Hicimos un camp de composición: nos fuimos una semana con los productores del disco a una casa en el campo, a un par de horas de Buenos Aires. Este disco surgió mucho desde la guitarra, de estar afuera del estudio. Yo soy un bicho de estudio, un nerd, y toda mi música la había hecho encerrado en mi cuarto, solo. Esto salió mucho de romper con ese patrón, de salir. Este tema en particular surgió un día que dijimos: “vamos a hacer un asado y quiero que hagamos un tema mientras lo hacemos, sentémonos con la guitarra”. Y salió de eso, de estar entre amigos pensando una canción, tirando la letra cada uno por su lado, cagándonos de risa, pensando qué podía ser lo más gracioso que viniera después y cómo podía ir surgiendo la historia. Fue más un juego entre amigos. De hecho, es la única canción del disco en la que dejamos las voces grabadas tal cual del primer día: terminamos de comer el asado, terminamos la canción, la grabamos así, medio borrachos, con la voz ronca, y la dejamos tal cual porque tiene esa esencia, esa vibra. Y es el concepto del disco: también es un disco muy fraternal, hecho entre amigos, entre gente que va más allá de una relación laboral, musical o artística. Entonces, más allá del mensaje —que es un mensaje crítico, si se quiere, irónico sobre la realidad argentina—, al mismo tiempo cuenta otra historia en paralelo: la de hacer las cosas que uno ama con la gente que uno ama. Para mí tiene esas dos cosas.
¿Sentís que todos somos Miguelito?
Todos tenemos un poco de Miguelito. Yo soy un chanta terrible —de todos mis amigos, sin duda soy el más Miguelito—. También me inspiré en gente que conozco, de mi familia o amigos de mi familia. Para mí, todos los argentinos tenemos un poquito de Miguelito y un poquito de otras cosas: el argentino es muy contradictorio, en el mejor de los sentidos, porque somos complejos. Así que sí, sin duda, yo soy el más Miguelito.
“El mensaje que me dejó este disco es un poco la frase típica argentina: nadie se salva solo. Construir en conjunto. Y uno a veces se va, vuelve, se equivoca, vuelve a ser un poco egoísta o individualista. Pero sí me ayuda siempre volver a ese centro”.
Dijiste que el disco te obligó a revisar tu relación con el mundo. ¿Qué parte tuya no sobrevivió a Hijo del País?
Creo que una versión más egocéntrica, más individualista, es la que diría que no sobrevivió, aunque siempre quedan cosas y uno lucha con eso toda la vida. Uno no puede decir “superé el ego, soy un capo”. Pero sí creo que empecé a ver mi carrera y mi proyecto de una manera más colectiva. Empecé a ver a mis colaboradores como parte real de mi proyecto —ya lo sabía de antes, pero esto fue una confirmación de que sin ellos no soy nada—. Soy una persona que se construyó con gente alrededor, y no le veo sentido a construir una carrera estando solo: primero, porque no podría hacer la música que hago yo solo, no podría armar los proyectos que hago, como esta presentación del disco con 100 personas comiendo asado, o esta banda con la que sacamos una sesión en vivo de 13 músicos. Todo esto es así porque hay gente alrededor, gente que está dejando todo y compartiendo una visión. Si estuviera solo sería muchísimo más aburrido, y no sé si querría hacer esto. El mensaje que me dejó este disco es un poco la frase típica argentina: nadie se salva solo. Construir en conjunto. Y uno a veces se va, vuelve, se equivoca, vuelve a ser un poco egoísta o individualista. Pero sí me ayuda siempre volver a ese centro.

¿Sentís que Bohemian Groove, el sello independiente al que pertenecés, te da el soporte para hacer este tipo de locuras, como el asado en el descampado, los visuales, la tapa?
Siento que las cosas que pasan con Bohemian Groove no podrían suceder en ningún otro lugar del mundo. Es un sello que confía en cada uno de sus proyectos y de sus artistas de una manera que no te diría ciega, porque tienen motivos para hacerlo, pero realmente ellos me han dado un apoyo, una libertad creativa que siento que es imposible de conseguir en otro lado. Y esto de los colectivos también surge de ahí: la semilla está en Bohemian Groove, un sello que se construyó así, desde lo colectivo, con una estructura casi horizontal, y que hizo que todos fuéramos aprendiendo y trabajando de esa manera. Así que sin duda Bohemian Groove es mi familia, es parte de esta familia de la que te hablo, y realmente es importante para la música argentina y para el mundo que haya un sello que apueste tanto por el arte.
¿A dónde te gustaría que te lleve Hijo del País?
A todos lados. Estoy en Nueva York —imaginate, nunca pensé que en mi vida iba a venir a Nueva York—. Es un delirio estar acá: estar en un estudio en Queens, escuchando el disco con un productor, mirando el puente de Queens, es esto. Y no se trata solo de estar en un estudio en Nueva York, sino de conectar con tanta gente distinta, de hablar de música con tanta gente distinta. Quiero hacer esto en todo el mundo. Acá no vinimos a tocar específicamente, pero quiero llevar mi show y mi banda a donde sea, y un poco exportar esta idiosincrasia argentina, explicarle al mundo qué es ser argentino en un momento en el que el ser argentino está puesto en cuestión, en el que hay como una campaña extraña que desinforma sobre quiénes somos los argentinos y nuestra historia. Siento que ahora, más que nunca, tengo ganas de salir al mundo y que realmente entiendan lo que es ser argentino: la calidez, la hermandad que emana el argentino frente a cualquier persona. Para ser argentino solo tenés que sentirlo, y creo que este disco cuenta muy bien eso. La meta ha sido llevarlo lo más lejos posible.
“Siento que ahora, más que nunca, tengo ganas de salir al mundo y que realmente entiendan lo que es ser argentino: la calidez, la hermandad que emana el argentino frente a cualquier persona”.
¿Te gustaría tocarlo como tocaban los folcloristas de hace unos años, con la gente comiendo asado, o llevarlo exactamente al lugar contrario?
Me gusta eso, me gusta lo más tradicional, y también me gusta todo lo contrario: sacarlo de su zona natural. Lo que yo hago no lo considero folclore, porque es un híbrido entre muchas cosas, pero me gusta habitar ese mundo y también el mundo totalmente opuesto. Siento que Hijo del País puede sonar en un boliche con luces súper oscuras, con un montón de gente transpirando, saltando, haciendo pogo. Es un disco muy híbrido que se puede mover en todos los mundos. Pero sí, sin duda, comer un asado y tomar vino siempre es el mejor plan para mí.