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Maxi Iglesias, de niño actor a puente cultural con América Latina: “Estoy agradecido a la gente que me dijo que no”

Entrevista con Maxi Iglesias, Actor

Texto 11 min de lectura July 28, 2026 ES

Maxi Iglesias en la alfombra roja de los Premios Platino Xcaret. EQUIPO DE FOTOGRAFÍA: @javierjimenofotografia IMÁGENES DE: Erik Ruiz Mora

Maxi Iglesias tenía seis años cuando pisó un set por primera vez, en La pistola de mi hermano, de Ray Loriga. Después se alejó de la actuación una temporada — entre los estudios y la muerte temprana de su padre — y volvió a los catorce, esta vez en televisión, con Hospital Central. Dos años más tarde, a los dieciséis, Física y Química lo convirtió en una de las caras más reconocibles de su generación en España.

Casi veinte años después, sigue en el set: protagoniza la adaptación de Alice Kellen Todo lo que nunca fuimos, la serie Ella, maldita alma y tiene en camino Nuda Propiedad. El año pasado, además, publicó su primera novela, Horizonte artificial. En mayo de 2026, en el backstage de los Premios Platino Xcaret, habló de esos años de formación, de los valores que le dejó su familia, de la escritura de su libro y de las puertas que se le cerraron en España — las mismas que terminaron abriéndole camino en distintos países de América Latina.

“Lo que me he prometido a mí mismo es mantener esa inquietud del niño más pequeño que tengo dentro de mí. Es mantener eso. Y el día que vea que no me aporta, algo pasará. Ahí habrá un cambio de paradigma”.

Comenzaste a actuar de muy pequeño, ¿qué vieron tus ojos de niño que despertaron tu chispa en la actuación?

Qué bonita pregunta. La verdad, yo creo que era un niño muy inquieto, muy curioso. Había muchas cosas que me generaban curiosidad, muchas cosas que me hacían moverme, buscar, indagar. Y había muchas cosas que quería hacer — no tanto verlas, sino hacerlas. Entonces creo que desarrollé la teoría, quizá un tanto estúpida, la vida me lo demostrará dentro de un tiempo, de que la manera en la que mejor podía encontrar todas esas formas de hacer todo lo que quería hacer era actuando personajes, porque me permitían ser un día bombero, otro día policía, otro día camarero, otro día abogado, otro día jardinero, otro día lo que fuera, ¿no?

Empezaste de lleno, siendo adolescente, con un éxito rotundo: Física y Química, que los llevó a muchos de ustedes a lugares realmente inesperados. ¿Cómo manejaste esa fama tan repentina y a una edad tan temprana?

La verdad que en ese momento no te esperabas nada de eso. No esperas que una historia de adolescentes pueda marcar como ha marcado y sigue marcando, de hecho, a tanta gente — gente que al día de hoy, con todo lo que hay, elige una serie que se hizo en 2007 para entretenerse, para descubrir, para sufrir, para alegrarse por los personajes. Yo ya venía de haberme presentado en muchos castings, de haber hecho pequeñas aportaciones en series, sabía lo difícil que era, entonces tampoco me lo tomé muy en serio. Era consciente, de esa manera, de no darlo por hecho; siempre tenía en la cabeza que esto había llegado, pero que era demasiado joven, que era un éxito demasiado grande. La gente se pasa trabajando muchos años hasta que, si es el caso, le llega la gran oportunidad — y muchas veces ni siquiera le llega. A mí me estaba llegando con 16 años. Entonces, cuidado, porque cuando algo es tan bueno, luego lo difícil es no caer; es difícil cuando tienes una oportunidad tan grande, tan joven. Mi reto y mi lucha, y lo sigue siendo, ha sido mantenerme, conseguir proyectos distintos, retos, personajes diferenciadores, para yo poder seguir sintiendo que hago algo que tiene pulso, que tiene garra, que transmite, y que a mí también me hace esforzarme.

Y a partir de ahí, con 16 años, seguiste formándote en el set. ¿Qué valores creés que te inculcó esa formación que termina de realizarse en un set de filmación?

Los valores de mi familia: la persistencia, el trabajo, valorar lo que tienes, y en sí mismos los valores. El compañerismo, la amistad. La amistad, ojo, no darla por hecho, y pensar con quién te amistas. ¿Con quién haces esas relaciones amistosas? ¿Con quién realmente puedes forjar algo real, auténtico, veraz, y que no sea un poco la pompa de todos estos focos, las cámaras? Mantener eso es lo importante, y pocas personas han conseguido romper esa barrera mía de protección en cuanto a quién dejo entrar en mi vida y a quién quiero compartirle yo mi vida. Desde muy pequeño lo vi en mi familia — mi familia por parte de padre, mi familia por parte de madre, muy distintas entre sí, pero todas, creo, buenas personas.

Una de las cosas que pusiste en valor para mantenerte centrado en esa carrera han sido justamente tus amigos y tu familia, sobre todo tu mamá. ¿Hay algo que te hayan dicho para ubicarte, que siempre tengas presente en los momentos álgidos?

Me han dicho muchas cosas, pero yo también creo que ver cómo han llevado sus vidas me ha ayudado mucho y me ha hecho ser muy consciente. Y ya después yo también he investigado mucho, he leído mucha psicología, porque he querido ahondar un poco más. Porque al final, las vidas que han llevado todas las personas de mi familia han sido vidas complejas, pero no han sido la mía — no han tenido que enfrentarse, a lo mejor, a cosas que me he tenido que enfrentar yo. Ahí no había un precedente. Cuando no hay un precedente de esto que te hablo, de los focos, la fama, trabajar en distintas partes del mundo — nadie de mi familia ha viajado tanto como yo —, ahí no te pueden dar un consejo de “para los viajes tienes que hacer esto”. Entonces ha sido más ir viendo lo que habían hecho ellos, que me ha servido muchísimo, porque son personas muy trabajadoras. Mi madre es la persona que más ha trabajado que conozco, y lo sigue haciendo, le gusta trabajar; mi abuela también, mi familia por parte de padre. Ha sido observar y constatar lo que eso les había servido en sus vidas.

Dijiste alguna vez que no tenés problema en ir a golpear puertas a la hora de pedir trabajo. ¿Qué puerta te gustaría golpear que aún sentís que no se ha abierto?

Muchísimas. Lo que pasa es que, claro, yo, como te decía, desde pequeño — y eso es lo que me he prometido a mí mismo — es mantener esa inquietud del niño más pequeño que tengo dentro de mí. También lo digo en los agradecimientos de mi libro, porque si no, sería atentar contra mí mismo. Es mantener eso. Y el día que vea que no me aporta, algo pasará, ¿no? Ahí habrá un cambio de paradigma, tendré a lo mejor que mirar hacia otro lado. Porque mi profesión es lo que más me llena. Escuchar la palabra “acción” y mantener el respeto por el set y por todas las personas que trabajan a nivel técnico y lo hacen posible, ese compromiso me llena muchísimo. Transmitir esas historias con autenticidad, y que puedan lograr atravesar ya no solo las pantallas de cine, sino también los televisores, o ahora ya más las pantallas de la gente — para mí ese es mi compromiso. Esa es mi lucha, y me queda muchísimo por llamar a puertas, por decir “oye, quiero hacer esto”, porque estoy en constante contacto con profesionales del sector, con personas que nos dedicamos a transmitir, y surgen ideas, surgen opciones. Hay muchas personas inquietas con las que tengo la suerte de coincidir y decir: “oye, ¿y si contamos esto?”, “oye, me he enterado de que vas a hacer esto, ¿puedo servir para contar esto que vas a hacer?”.

Quiero que me hables un poquito de tu libro. En una época en que se terceriza mucho, en que la gente que está muy ocupada terceriza partes de su vida para poder sacar adelante sus proyectos, vos elegiste sentarte de noche y escribirlo solo. ¿Pensás que hay un paralelismo con la historia de Valeria? ¿Te incentivó, te animó eso?

Ha sido muy lindo ver que ha habido mucha gente que se ha hecho eco de eso y que me lo ha comentado, y es verdad que hay un nexo inevitable: gracias a Elisabeth Benavent, creadora de Valeria — yo le dije, “Elisabeth, mira, tengo esta idea, voy a escribir esta historia, ¿me podrías recomendar a alguien con quien yo pueda contactar para mostrarle la idea que tengo?” — ella fue quien me puso en contacto con el que ha acabado siendo mi editor, Gonzalo Albert, a quien le estoy eternamente agradecido, y que depositó esa confianza, ya no solo él sino también la editorial, para hacer posible contar mi historia. Y bueno, claro, después yo creo que recuperé los consejos que Víctor le daba a Valeria — de “escribe” — para aplicármelos a mí mismo: “vamos, escribe”. Porque es verdad que, si no, uno pospone, o no pone lo que realmente más le gusta hacer delante. Esa ha sido mi lucha también conmigo mismo: tengo mi trabajo, soy actor, pero me comprometí con la editorial y conmigo mismo, y quiero sacar esto adelante. Ha habido muchas noches en las que he tenido que escribir, e incluso días en los que no escribía nada y estaba agobiado porque al día siguiente tenía que grabar, y también tenía que estudiar lo que estaba grabando de ese proyecto. No ha sido un proceso fácil, precisamente, pero sí muy satisfactorio.

Muchas veces tenemos charlas imaginarias con nuestros papás que ya no están. ¿Alguna vez te imaginaste qué le dirías al tuyo por haberte descubierto una profesión, siendo que falleció tan joven, pero que sin embargo te abrió las puertas a un nuevo mundo?

Hace tiempo hablaba con una persona que se dedica a acompañar a quienes están pasando un duelo, o van a pasarlo, y decía que la mayoría de las personas no agradecemos, no les damos las gracias a esas personas que queremos — bien porque no hemos tenido tiempo, o porque la situación en los últimos días no lo ha favorecido. Yo tengo palabras de agradecimiento solamente por el hecho de haberme traído a la vida, y de ponerme ahí, y después ya, bueno, a ver cómo lo haces. Y agradecimiento también a mi madre, por acompañarme en el proceso de lo que he buscado y lo que he querido, y por haber sentido su apoyo. Desde acá yo siempre lo digo y lo hago: no dejemos de dar las gracias a esas personas que han conseguido que nuestras vidas hayan ido por un lado o por otro — incluso dar las gracias a gente que nos ha dicho que no. Yo estoy muy agradecido a la gente que me ha dicho que no. Ha habido directoras de casting en mi país que me han dicho que no iba a trabajar en mi país, y ahora que llevo años trabajando…

Te abrió las puertas, por ejemplo, a Argentina.

Exactamente. Esas palabras hicieron que tuviera que llamar a puertas de otros países, y ahora tengo la suerte de estar en Platino Xcaret con este intercambio que hay a nivel cultural, pudiendo decir: he tenido la suerte de trabajar en Argentina, en Colombia, en Perú, en México.

Porque ellas te lo dijeron por la belleza, por cómo te veías físicamente, quizás…

Tendrían sus motivos, no lo sé. Pero igualmente, gracias.

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